Testimonio: Delicadeza

Danissa

Es difícil contar cómo llegué hasta aquí porque aún no me lo creo. Todo parece una pesadilla de la que, día a día, trato de despertar.

Por casualidad, me enteré de que soy seropositiva. Siempre me hice los controles, de forma periódica, por rutina; poco a poco, le fui perdiendo el miedo al resultado que todos temen. Un día, cuando menos me lo esperaba y cuando más convencida estaba de que eternamente me seguiría dando el mismo resultado (negativo), fue cuando caí en este tormento.
 
No sé la manera en que lo contraje. Si fue mi último tatuaje, mi último novio, mi ex o quién sabe cómo. Para mí, éste había sido mi año más "tranquilo".
 
El resultado me lo dio una laboratorista no preparada para darlo. Sin calidad humana alguna, sumergió mi cabeza en este infierno, dejándome sin respiración, sin aliento.
 
Me dijo: "Hay que repetir tu examen; te hiciste el del VIH y dio positivo, no hay duda de que esa sangre es positiva. Sólo repetimos para saber si es tu sangre la del estudio". No escuché nada más, únicamente veía la manera en que se movían sus labios y me decía: "¿me entiendes? ¿me estás escuchando?". Me volvieron a sacar sangre y ni sentí cuando con la aguja se me extrajo la muestra. Mi único pensamiento era: "cuándo, cómo, dónde, esto no me puede estar pasando".

Y aquí estoy. Ya pasó un mes y, mañana, me entregan, por fin, los resultados de la carga viral y de cómo están mis defensas. Todavía no he empezado el tratamiento y no sé cómo será.
 
Ya transcurrió más de un mes, de ese día…
 
Mi sistema inmunitario no parece estar tan mal, no tengo ningún síntoma, sólo los ganglios inflamados en todo el cuerpo. He aumentado de peso y me encuentro bien. Aunque tengo mucho miedo.

No quiero deprimirme ni pensar que estoy sana para evadir el problema. Sé que tengo un largo camino ahora y me inquieta cuán tenebroso pueda ser y si tendré la suficiente fuerza para subsistir.
 
Nadie sabe de esto, apenas mis padres y unos pocos. Tengo terror a que mucha gente lo sepa y me discrimine, a que me tengan miedo, como yo siempre sentí de la gente seropositiva, por ignorancia. Pensé que lo peor que le podía pasar a alguien era esto, y aquí estoy.
 
No llevé una vida muy desordenada, no he sido promiscua, no me he drogado, he sido fiel y, si tuve más parejas de las que esperaba, fue porque las cosas no se dieron como planeaba. Mi ideal era ser monógama y tranquila.
 
Hoy, me pregunto cómo pude confiarme de que nunca me pasaría sólo porque otras personas tienen una vida más al límite y no pasan por esto… o al menos no por ahora.
 
Les puedo decir que mi vida cambió drásticamente y trato de que, día a día, no me atormente saber que tengo un monstruo que duerme como un niño. Trato en silencio de vivir, para que no se despierte… y me lleve a donde aún no quiero ir.

Nadie se imagina esto, y los que lo saben, no se lo pueden creer.
 
Aunque lo que me asusta, más que vivir con un virus, es caer en la discriminación, la ignorancia… la que yo tenía y que me hacía temer el estar al lado de un seropositivo. Lo que soy ahora.
 
Mañana tendré más novedades sobre la manera en que continúa mi vida y veré qué hago para dormir hoy, como cada noche, después de ese día en que lo supe.

Nunca olvidaré a esa mujer que cambió mi vida por no tener delicadeza en darme este diagnóstico. Sigo viendo su cara sin gesto humano sentenciándome como si estuviera en el infierno. Y bueno, en algo no se equivocó, estoy en él.
 
Lo que pueda decir ahora está de más.

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