Aprendí a amarme a mí misma

Anónima

Me lo pensé mucho antes de escribir mi historia. Supongo que por miedo a que alguien descubra quién soy. No sé si podría soportar que todos sepan cuál es mi situación. Yo era una mujer de veintiséis años, con una profesión, vivía sola y disfrutaba de mis ratos libres o salidas con amigas/os hasta que conocí a alguien, pero duramos poco tiempo.

Siempre le atribuí esa "mala suerte" con los hombres a un ex, con el que había terminado hacia mas de cinco años atrás y que, luego de vivir una pesadilla de maltrato verbal, psicológico y físico, jamás pude volver a confiar en nadie, ya que siempre temía que pasara lo mismo.

En fin, con este nuevo novio nos seguimos encontrando y, un día, accidentalmente o por cosa del destino me embaracé. Fue duro al principio, ya que vengo de una familia más o menos conservadora y mi madre fue la mas lastimada, ya que esperaba que mi vida fuera: conocer alguien, enamorarme, casarme, hacernos nuestra casa, plantar el árbol y al final recién tener hijos.

Lágrimas más, lágrimas menos todos lo fuimos superando. Hasta el padre de mi bebé, luego de muchas charlas, volvió conmigo, y sí, comenzamos a enamorarnos y con un bebé en camino sentí que la vida me sonreía. Al fin fuimos al ginecólogo, hicimos la eco y pidió mis análisis prenatales. A los pocos días, misteriosamente, la bioquímica que me atendió me llamó para pedirme otra muestra de sangre. Fue ahí donde pensé por primera vez que algo malo pasaba.

No podía sacar de mi cabeza que en ese pedido se encontraba el análisis del VIH. Lloré todos esos días de espera y comencé a googlear. Leía que los bebes de madres con VIH ya no se infectaban (en su mayoría), etc., y fui haciéndome una "película" de terror, donde yo era la principal protagonista. Y llegó la peor noticia de mi vida hasta el momento, tenía VIH. Mis sospechas eran ciertas, pero ese día me mantuve fuerte, me sentía como si fuera un muro de piedra, tenía que ser fuerte por mi hijo. Fui a casa y se lo dije a mi pareja. Lloramos juntos, él parecía desmoronarse, pero yo me mantenía en pie, para dar batalla.

Mi pareja se hizo los análisis y hasta el momento dio negativo, así que me martirizaba día y noche pensando cuándo, dónde,y quién me había infectado, ya que he estado con otros hombres en mi vida. Hasta que un día estábamos esperando para ser atendidos en el área de infectología, junto con muchísima gente (calculo que en su mayoría con el mismo problema que yo) y lo vi. Vi salir de la sala a mi expareja, el que tan infeliz me había hecho, con quien había terminado hacia mas de cinco años y que aún no podía olvidar todo el daño que me había causado.

Gracias a Dios no me vio, se me vinieron recuerdos y comencé a atar cabos sueltos. Desde que lo conocí hasta ese momento vivía con tos, sufría de candidiasis vaginal siempre y tenía dolores de cabeza terribles. Eso, sumado a que una vez me enteré de que al poco tiempo de pelearnos él había estado internado por un "virus" al borde de la muerte, sirvió para darme cuenta de que ese sujeto, realmente me había JODIDO con todas las letras. Lloré en esa sala sin consuelo, mi pareja me abrazó y espere quieta sin moverme hasta que se fuera. Si me hubiese visto ahí seguramente hubiese salido riéndose y tal vez disfrutado de mi desgracia.

A medida que pasaban los días la noticia me iba cayendo de a poco, aunque mi amado no me permitía llorar (teníamos que cuidar a nuestro bebé) yo me hacía mis escapadas en la ducha al mundo de la tristeza y del llanto. Creo que mi peor momento era cuando visitaba a los médicos, me daba cuenta de que nada era producto de mi imaginación, que lo que estaba sintiendo, ¡que estaba pasando de verdad! Aunque debo admitir que Dios puso en mi camino a grandes profesionales médicos, que me contienen siempre y con los que siento que jamás hicieron o hacen un trato diferente o discriminatorio conmigo.

Se aproximaba la fecha del parto, debían sacar a mi hijo a las 38 semanas de gestación ya que no sabían si mi carga viral era indetectable. Igual no pretendía un parto natural, me aterraba la idea de que mi bebé estuviera en contacto con mi sangre, así que debía hablar con mi familia, debía contar mi secreto. Fue ahí mi momento mas duro, me aterraba su reacción, mis padres ya son viejos, la salud no es su mejor amiga y han visto cómo se moría la gente con sida, así que por su bien, créanme que solo por su bien, decidí mentirles lo mas que pude y no les conté mi verdad. Después de todo, confío plenamente en el tratamiento que recibo y sé que mi vida va a seguir siendo como antes, solo que ahora con mas cuidados. Hasta aprendí a amarme a mí misma.

Con respecto a contárselo a alguien "para que me ayude con mi cruz" solo esperé un momento a solas con mis hermanos y se lo dije. Al margen de lo triste que fue, ellos me abrazaron y me dijeron que estarían a mi lado siempre. Nunca habíamos estado muy unidos, pero el HIV logró que todos los días nos demostremos cuánto nos amamos. Nos unió mas que nunca, ya no estábamos solos en esta lucha.

Y llegó el día, con muchos nervios y miedo, nació mi bebe. Un hermoso varón, mi príncipe, quien hasta el momento dio negativo en sus análisis.

Creo en Dios sobre todas las cosas, y aunque no cumplo con mis deberes católicos como corresponde puedo decirles que EL obra de manera misteriosa, me mando un hijo,por el pude descubrir que tenia HIV y pude tratarme, y que por este regalo que recibí lucho día a día, tal vez en otro momento o de otra forma habría hecho alguna locura.

Hoy tomo mi medicación, no fumo, no tomo alcohol, trato de comer sano, tengo una carga viral indetectable, y me sobran las ganas de vivir.

No estoy contando mi historia para darles fuerzas a todos los que se encuentran en la misma que yo, solo pasaba a contarles lo que siento hoy, mañana no sé qué sentiré. He leído muchos testimonios, todos pasamos por lo mismo: miedo a la soledad, a la discriminación, miedo de haber infectado a alguien, miedo, miedo…

Lo que si sé es que he decidido luchar por ser feliz. Lo tengo todo, un hogar, un hombre que me ama, un hijo al cual amo y una familia que también me ama. Estoy pensando en plantar el árbol, es una materia pendiente. El amor es lo que me impulsa a luchar. Gracias Dios una vez mas por darme la posibilidad de ser feliz, solo vos sabes lo que agradezco este día mas de vida. GRACIAS.

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