Testimonio: Algo lejano y ajeno

Sebastian

Tengo 29 años; obtuve mi licenciatura universitaria en el año 2004 y comencé a trabajar inmediatamente con muy buen sueldo.

Me compré el auto que tanto añoré mientras estudiaba; todo marchaba perfecto, ayudaba a mi familia, el orgullo para ellos era yo. En enero de ese año me hice el test del VIH, tenía mis sospechas pero me había cuidado. Salió negativo (…).

En mayo de ese año conocí al que fue mi primera pareja gay: era el hombre perfecto, varonil como yo, muy atractivo, se veía saludable, todo bien, sexo con protección por un año, hasta que comenzamos a tener sexo sin protección, pensaba, si soy buena persona no le hago daño a nadie, no creo que me pase algo tan terrible. A él tampoco le importó, tonterías que uno piensa, bueno el cuento es que en abril de 2006, comencé con un rash generalizado en todo el cuerpo, tenia herpes labial a repetición, en mi interior sabía que algo no estaba bien. Me hice el test nuevamente y este salió positivo, además de tener sífilis, dos cosas terribles, algo que jamás pensé tener.

La única persona con la que había estado desde que sabía que era VIH negativo era él. Él me había infectado, él lo sabia y nunca lo dijo, es más, su ex pareja se había suicidado meses antes de conocerme por tener VIH. Además me enteré de que llevaba una vida promiscua mientras estuvo conmigo. Las apariencias engañan.

En mi casa nadie lo sabe, mis padres han sido tan buenos conmigo que no les quiero causar dolor. Actualmente me acabo de recuperar de una parálisis facial que duró 2 semanas, y cada día tengo miedo de que mi estado de salud decline aún más. Todavía no estoy en tratamiento, la sífilis mejoró, pero con respecto al VIH sólo me cuido con dieta saludable, vitaminas y ejercicio: una vida sana.

Sólo le pido a Dios que envíe una cura lo antes posible para que los 40 millones de personas que vivimos con este virus podamos curarnos y terminar con este calvario. La vida es sabia y todo lo devuelve: hace cuatro años me alojé en la casa de unos portadores de VIH, sin saberlo, hasta que encontré unos antirretrovirales en su refrigerador; el pánico me invadió, hasta ese momento el VIH/SIDA era algo lejano y ajeno a mí. No me atreví a despedirme de ellos, solo lo hice telefónicamente.

Ahora soy yo el infectado: tuve que suprimir mis propios prejuicios para aceptarme, y espero que el resto de las personas también lo haga, uno nunca sabe que puede ser el próximo.

 

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