Abrumada y triste

Anónima

El 7 de febrero de este año murió mi padre. Fue devastador para mí. Todavía no lo asimilo.

El 12 de febrero fui a donar sangre como siempre lo hago cada seis meses. El 17 de febrero me dijeron que había dado positivo [en la prueba del VIH]. Casi me muero. No sabía si lloraba por papá o por mi situación.

Hasta ahora no lo he aceptado. Siento que estoy muerta en vida. No paro de llorar. Ya me dieron la medicación antirretroviral pero no me la tomo no sé ni por qué. Me he intentado suicidar. Me odio. Odio que me llame la psicóloga, tener que ir donde tantos médicos. Siento que todo el mundo [lo] sabe. Siento vergüenza, siento pena. Me siento la más puta.

Cuando esto pasó [cuando recibí el diagnóstico VIH+], llamé a mi pareja y se lo dije. Me sorprendió lo tranquilo que estaba. Me dio fuerzas. Le expliqué que no podíamos estar más igual. Quiso estar conmigo. Le dije que si estaba loco. Me decía que no le importaba, que él me amaba, pero las cosas no me cuadraban. Noté que sentía miedo o no sé qué era. Un día tuvimos una discusión donde le grité que jamás había estado con otro hombre. Llevamos 7 años.

Sabía que había sido él, le dije de todo. Porque soy mamá, abuela. Fue tan difícil… Luego me dijo -después de eso- que lo acompañará a hacer una donación. Él estaba sin celular y yo me quedé esperando afuera. Me dijo que le diera el celular ya que no tenía y que si no me llamaban era porque estaba limpio. Él estaba limpio y como estuvo conmigo, le dije -no sé cómo decirlo- que fui yo quien se infectó por el VIH. Después de todo esto, las cosas ya no eran iguales.

Hace poco le robaron la moto a mi pareja. Mi hijo mayor está en la cárcel y mi pareja jura que fue mi hijo [quien se la robó] y me enteré de que lo mandó matar, porque vinieron hasta mi casa a averiguar qué pasaba. No sé qué pensar. Siento que estoy enloqueciendo. Tantas cosas, mi hijo, mi papá, mi situación… Amo a ese hombre, una no deja de amar de un día para otro. Quiero morirme cuando veo a mi hijo menor. Siento tanta vergüenza que le esquivo la mirada.

Me he alejado de todo de todo, no salgo de mi habitación. Siento que tengo un letrero en la frente que dice que no tengo sueños, no tengo nada. Ya no creo en nada ni en nadie, ni jamás me acercaré a nadie. No quisiera llevar en mi conciencia que se lo he transmitido a alguien, por eso decidí quedarme sola. Me siento una muerta andante. No soy feliz, nada me hace reír. Es algo que no sé explicar. Perdónenme, solo he venido a hablar. 

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