A veces dan ganas de correr ladera abajo y dejarse rodar

Lía

En verdad, me siento bien al haber encontrado este blog. Vivo con el VIH desde hace 3 años y llevo ese tiempo en tratamiento. Mi esposo es seronegativo hasta ahora (y declaro en nombre de Jesús que así será siempre), tengo un bebé de un año que vino al mundo con ayuda de los mejores doctores que me pudieron tocar, tres pruebas de él negativas y así siempre será sanísimo como él solo.

Bueno, el tema es que llevo conmigo todo esto divino y bueno, creo en el Señor y que él ya murió hasta por esta enfermedad en la cruz. Sin embargo, a pesar de ser ferviente cristiana, estoy temerosa. Trabajo en un hospital y manejo mucha información positiva respecto a la calidad de vida, pero vivo aterrada de que me tome algo, de que dañe a mi esposo, de que dañe a mi hijo, de que no viva lo suficiente para ver mis sueños hechos realidad.

Con tu testimonio siento alivio al saber que se puede vivir tanto tiempo y ser feliz. No merecía el VIH, no lo merezco, ninguno/a nos lo merecíamos, pero ya está aquí y debemos seguir, debemos continuar, caer y levantarnos.

La noticia de mi diagnóstico se filtró y me han llamado sidosa, bandida (prostituta) y cosas así. Trato de mantener la cordura, pero a veces dan ganas de correr ladera abajo y dejarse rodar.

En fin, fuerza para todos nosotros. Mi infectóloga, mi ginecólogo y mis demás compañeras de trabajo me ayudaron psicológicamente. Con lo del bebé, decir que estuve casada con otra persona durante años y sin cuidarme nunca me embaracé y ahora con mi actual esposo, tomando todos los recaudos con la infectóloga y la fe puesta en Dios, bastó una vez sin preservativo para que venga al mundo y, en aquel momento, a mi vida moribunda el ser más brillante, hermoso, sano y picarón.

Entendí que el verdadero amor existe cuando temía la reacción de mi pareja por el diagnóstico, y este me abrazó y me dijo: “Hey estamos juntos, de algo se debe morir la gente, pero esto no te va a matar y a mí menos”. Y seguimos unidos, como mejores amigos y cómplices en todo. Quería compartir con ustedes un poco de mi historia, de mis miedos y mi felicidad. Que Dios les proteja siempre y les bendiga sobremanera.

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