A trancas y barrancas todavía sigo aquí

Miguel Ángel

Hola, me llamo Miguel Ángel y desearía compartir mi convivencia con el VIH. Todo empezó cuando yo tenía 19 años, momento en el que conseguí desintoxicarme de la heroína, lo que me costó dos años duros y en otra época, ya que actualmente tengo 55 años. Así que estoy infectado desde hace 36 años.

Me diagnosticaron mi condición de seropositivo al VIH a raíz de un grave accidente de circulación, por el cual estuve 4 años de dura rehabilitación y diversas operaciones. Conseguí salir adelante, eso sí, el accidente me provocó unas limitaciones de por vida y constantes dolores con los que todavía convivo.

Mi siguiente paso fue buscar ayuda, pero en esa época encontré solo rechazo y miedo en las miradas, dado el desconocimiento de una nueva enfermedad [el VIH] en la cual no había conocimiento alguno y se morían prácticamente todos los infectados, salvo raras excepciones.

Pasé unos años viendo cómo desaparecía toda una generación de jóvenes. De hecho, de mis amigos (que eran muchos) solo quedo vivo yo y no sé por qué. Yo me planteé seguir luchando, viviendo como un topo, por el estigma tan bestial que recibía toda persona con el VIH.

Así que, buscando sobrevivir, tuve la suerte de conocer al doctor Bonaventura Clotet (entonces nadie lo conocía) hoy se ha ganado un prestigio internacional por su lucha contra esta cruel enfermedad.

Quisiera destacar el maravilloso equipo humano que cuidó de mi con respeto y esforzándose por buscar soluciones para mejorar mi calidad de vida y apoyándome de forma incondicional. Al ver mis defensas por los suelos, procedieron a medicarme. Pasé por diferentes estudios, pasé a ser un conejillo de indias, soportando durísimos tratamientos, los cuales me generaron efectos secundarios horrorosos. Entre otros me causaron una neuropatía periférica desmielinizante sensitivo-motora. Esta discapacidad me anuló de por vida, ya que no existe remedio alguno y ya no me permite desempeñar ningún tipo de trabajo.

Pero seguían los experimentos por salvar mi vida y seguí con diferentes estudios que, con el paso de los años, han ido mejorando, hasta llegar a un punto en el que hoy en día los efectos adversos son mínimos.

Gracias a estos héroes se han conseguido salvar millones de vidas y que se pueda llevar una vida casi normal con el VIH. Aunque, todavía hoy, la falta de cultura generalizada nos hace sentir rechazados bajo el yugo del estigma, uno de los efectos más adversos, al menos para mí, ya que los dolores pasan, pero el rechazo lamentablemente sigue latente en la mayoría de la sociedad actual. Sí se ha avanzado algo, pero poco, ya que hoy y ahora sigo siendo un topo.

Y a trancas y barrancas todavía sigo aquí, luchando por mis hijos gemelos, niño y niña, que tienen ahora 14 años. Su mamá falleció de cáncer cuando ellos tenían 8 años. Saqué fuerzas para seguir adelante por ellos, ya que toda la familia materna nos repudió por mi condición de seropositivo. Mi familia todos habían fallecido por diferentes causas, mis papás y mi hermano. Así que nos quedamos solos y a día de hoy solo os puedo decir que mi amor hacia mis hijos es el único motivo que me invita a seguir viviendo bajo unas condiciones que me obligan a escalar el Everest todos los días y sin ayuda de nadie.

No me puedo permitir ni caer más enfermo, para no acabar en un centro de acogida. Ya se me están agotando las fuerzas y veo cómo empeoro día a día física y psicológicamente. Cuento los días para que se hagan mayores mis hijos y así ya podré dejar de sufrir en esta vida que me maltrata sin piedad.

Los años de lucha te van mermando hasta el punto de que a ver si consigo aguantar hasta su mayoría de edad (de mis hijos) y yo poder actuar en consecuencia y abandonar esta vida tan cruel y esta sociedad tan hipócrita.

Podría extenderme muchísimo más, pero a “grosso modo” os relato mi experiencia y comparto mi tristeza con vosotros. Recordad que mi experiencia data de los primeros años de la infección y que ahora los tratamientos son estupendos, eso sí, la atención sanitaria se ha precarizado en demasía en estos últimos años. La atención ya deja mucho que desear.

Por último, deciros que los seropositivos somos la panacea de las farmacéuticas. Así obtienen pingües beneficios, eso imposibilita que se desarrolle una cura. Si no, recordad ese accidente de avión donde viajaban sabios investigadores supuestamente con la cura del VIH y, qué casualidad, desaparecieron en el océano. ¿Cómo iban a permitir cortar de raíz semejante chollo de negocio?
 
Espero que todos tengáis fuerzas y que no dejéis de luchar. Un fuerte abrazo para todos los seropositivos y muchas gracias a los creadores de esta página, que también ponen su granito de arena todos los días.

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