A pesar de todo, trato de sonreírle a la vida

Valentina

Hola a todos, me alegra mucho poder encontrar un lugar donde puedo contar abiertamente mi historia con personas que tal vez se sientan identificadas. Tengo 27 años y todo empezó en agosto del 2010.

Mi esposo se enfermó estando en el área en ese momento. Él era soldado profesional. Después de 4 meses logramos sacarlo de donde estaba. Me impresioné mucho cuando lo vi. Estaba demasiado delgado.

Desde ahí empezó un viacrucis para nosotros. Le hacían exámenes de todo, solo nos decían que era una infección intestinal… pero nada más.

Llega el momento en que tiene que irse de nuevo. Yo lo veía muy mal. Entonces gestioné para que le dieran 5 días de permiso y así pasó. En esos 5 cinco días cambiamos de medico después de todo lo que le habían hecho y él seguía peor. El doctor le envió a hacer la prueba del VIH.

Pasó algo curioso. En medio de nuestra ignorancia creíamos que era algo imposible que pasara. Incluso llegamos a bromear juntos con el tema, sin imaginar la tormenta que se avecinaba.

La primera prueba salió positiva y llegué a tener esperanzas de que la segunda saldría negativa, pero no fue así. Inmediatamente lo trasladaron a la ciudad de Bogotá (Colombia) para hacer el confirmatorio. Ya no había vuelta atrás: "positivo".

Después de eso fijaron los ojos en mí. Yo era su esposa y también  tendría que hacerme las pruebas.

Llegué a mi cita con el destino. Sabía que si primero le pasaban los resultados a la psicología era señal de que algo andaba mal y así fue, me derrumbé.

Era tanta mi ignorancia que creía que me quedaban 8 o 15 días de vida. Lloré sin parar. Pensaba en mi hija que en ese entonces tenía 2 años.

Todo se acabó cuando escuché que tenía que pasar donde la psicología a que me leyeran los exámenes. No había vuelta atrás, ya sabía que tenía el VIH. No quería entrar el pánico, el miedo no me dejaba, me sentía morir, quería desparecer. Lloraba sin importar que la gente me viera.

En ese momento mi único apoyo era una jefe del hospital que era la encargada del programa de los pacientes con VIH. Igual que a mi esposo, me enviaron para Bogotá.

Desde ese entonces voy para 7 años con el diagnostico y aún lucho con mis medicamentos. Duré 3 años sin tomar pastillas por mi estado de salud. El médico decía que no era necesario.

Por descartar le hicieron las pruebas a mi hija y gracias a Dios es negativa. No ha sido fácil es una lucha constante.

Aún vivimos juntos. A pesar de todo, trato de sonreírle a la vida. Tengo mi mayor motivo para seguir adelante en mi hija. Ella es mi fuerza y mi motivación. En mayo cumple 9 años.

Mis mejores deseos para todos.

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