A cualquiera le puede suceder

Anónimo

¡Hola! Tengo 31 años y soy mexicano, radicando en Monterrey. Hace un año que fui diagnosticado [del VIH] y hoy en día soy indetectable.

Todo surgió por tomar una mala decisión al tomar alcohol y sintiéndome solo, pues mi novia [ahora ex] estaba fuera del país. Un día tuve una fuerte infección en un ojo y me solicitaron hacerme exámenes de sangre y di positivo [al VIH]. Tuve tanto miedo de contárselo a mi ahora exnovia por si la puse en riesgo unos meses atrás. Por ese miedo y por muchas cosas más, decidí ser más lejano a ella, pero ir a contárselo llevándole una prueba de detección, puesto que si ella salía positiva sufría el riesgo de ser deportada.

Fui a visitarla, le conté y me odió. Le pedí que por favor me dejara entregarle la prueba y, gracias a Dios, salió negativa [al VIH]. Sin embargo, nuestra relación terminó y no hay marcha atrás.

Hoy en día estoy enfocado a mi trabajo; solo trato de no mortificarme demasiado. He tratado de conocer chicas, pero finalmente me ha dado mucho pavor el revelar mi condición. No me gustaría morir solo, pero creo que a veces debería hacerme a la idea de esto.

Gracias a Dios estoy sano. La vida me cambió en muchos sentidos, espero que me siga sonriendo como lo ha hecho desde mi diagnóstico. Tal vez me gustaría conocer a una chica que no tenga miedo a mi condición [de positivo al VIH]. Al menos en Monterrey aún tienen la idea de que el VIH es de hombres gais.

Gracias por leerme.

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