Ver la luz al final del camino

Lali

Hace dos años me salió un ganglio que no se me iba con nada. De repente, en plena pandemia [de COVID-19], me vino fiebre alta y los médicos no sabían muy bien, porque sólo interpretaban que podía ser una simple infección urinaria. Hasta sufrí de amigdalitis. Cuando me dieron el resultado de mi prueba, en ese entonces tenía mi pareja, con el cual tenía una relación desde hacía casi 6 meses.

Sin embargo, ya tenía un diagnóstico de virus del papiloma humano (VPH), del cual él era consciente, porque se lo comete. Por un tiempo, nos cuidábamos, pero luego, no. Y fue cuando me enteré [de que tenía el VIH] que se lo comenté. Ante eso, en ese momento, no lo voy a negar, como todos, sentía que mi mundo se me venía encima. Gracias a Dios, pude hablar con mis padres, quienes me apoyaron desde un principio. Es más, mi padre casi siempre me acompaña al hospital para mi visita médica del VIH y para recibir el tratamiento antirretroviral.

Por otro lado, mi pareja, al ya no estar cerca, pues justo meses antes tuvo que irse a otra ciudad a trabajar, me daba ánimos. Pero luego, cuando lo volví a ver en persona, era otro distinto, muy seco, ya ni si quiera me quería besar. Ni siquiera pudimos tener relaciones porque no tenía tiempo para verme o no sé si era su pretexto para ya no verme.

Sin embargo, siempre le dije que se hiciera la prueba [del VIH], porque, como comentaba líneas arriba, no nos cuidábamos y es probable que él también estuviera infectado, aunque yo no siento que él me lo haya transmitido, sino que, por los antecedentes, debió ser mi expareja con quien, por cierto, nunca más volví a hablar; no le guardo rencor. Pero, de todas formas, yo misma creo que fui imprudente al no cuidarme y confiar. Nunca sabré si él lo sabía [que tenía el VIH].

Bueno, volviendo a lo de mi pareja actual, él me daba ánimos por chat. Siempre, ya que, como les contaba, teníamos la relación a distancia. Pero cambiaron muchas actitudes de él hacia mí, por lo que un día decidí terminar y dejar la relación, porque no me hacía ningún bien. Todo el tiempo lloraba, me sentía mal. Un día me habló una sola vez y desapareció. Luego, terminamos.

Al cabo de un mes, le pregunté si se había hecho la prueba y me comentó que le salió negativo. Por una parte, me alivió muchísimo, porque es feo cargar con eso de que “le arruinaste la vida a otra persona”. Era tanta mi ignorancia. No veía que esta enfermedad es sólo una condición con la cual puedes hacer tu vida normal [tomando el tratamiento antirretroviral] e incluso volverte indetectable y no transmitir el virus. Eso lo descubrí después.

Mi expareja prácticamente me dejó en el momento en el que más lo necesitaba, pero a la vez lo entiendo, porque siento que su inmadurez hizo que no afrontara las cosas y porque la vez que hablamos de que quizás él podría también estar infectado, me dijo que jamás se lo diría a su familia.

Sólo me quedo con el recuerdo de todo lo lindo que vivimos y ojalá no me guarde nunca rencor, porque en mi siento que lo tiene, sólo que no me lo dijo para no preocuparme o simplemente para que me alejara de él. Ahora sólo ve mis estados [en las redes sociales] todo el tiempo, pero cuando caí enferma, intoxicada, hace días, ni si quiera me preguntó cómo estaba. Siento que jamás me quiso realmente.

Pero yo me levanto día a día con la esperanza de estar viva y de que tengo una familia que me apoya tomando mis pastillas. Sé que pronto seré indetectable. Se también, muy dentro de mí, que Dios no me abandona. Algún día muy lejano, espero encontrar de verdad a alguien que quiera compartir la vida conmigo y que acepte mi condición. Porque, como me dijeron, la persona que te ama, te amará con todo y con tu condición.

Coméntenme su experiencia. Sólo me queda decirles que no se rindan. Al principio todo parece negro, pero luego se ve la luz al final del camino. Ojalá que algún día salga también la vacuna contra esta enfermedad para que no sintamos miedo todo el tiempo.

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