No sé cuándo voy a dejar de tener miedo

Mortuario

El año pasado, con 21 años, me diagnosticaron VIH. Todo empezó cuando me enfermé. Estuve más de un mes sintiéndome muy mal. Me sentía débil, sin apetito, cosa que era muy rara en mí porque soy una persona que come mucho y que rara vez se enferma.

Mi preocupación era que no lograba recuperarme. Yo sentía que algo no estaba bien. Uno conoce su cuerpo y sabe cuándo algo no es normal. Nunca fui una persona que va al médico; siempre lo evito, no por miedo, sino más bien por vagancia, jaja. Pero esta vez pensaba: «Necesito que me hagan estudios de todo ya». Me desesperé mucho, hasta lloré delante de mi mamá, diciéndole que necesitaba ir a algún médico porque sentía que algo estaba pasando.

Fui a ver a una médica clínica. Le conté que hacía casi dos meses que venía enfermo y que me sentía muy débil. Me revisó muy profundamente y me pidió análisis de todo. Entre esos análisis estaba el del VIH.

A la semana de hacerme los estudios me llamaron del laboratorio para decirme que necesitaban otra muestra de sangre. Como es algo que puede llegar a pasar, no me preocupé. A la semana de haber ido por una segunda muestra, me llamaron diciéndome que tenía que ir a buscar los resultados de manera presencial. Me pareció rarísimo. Me angustié muchísimo. No podía esperar a que alguien me llevara, así que me fui solo.

Llegué a la clínica y, en ese momento, estaba hablando con mi mejor amigo porque necesitaba descargarme. Realmente me temblaban las manos. Fue horrible. Hasta casi vomité el desayuno.

Las recepcionistas me hicieron pasar directamente a un consultorio con un médico. El médico me dio una hoja y me dio la noticia de una manera tan fría y tan poco humana que no tuve tiempo ni de reaccionar. Horrible.

Apenas salí del consultorio, le escribí a mi mejor amigo, con el que venía hablando. Volví a casa y le conté a mi familia y, durante ese mismo día, les conté a mis amigos más cercanos. Por suerte, todos me contuvieron.

Venía bastante bien con la psicóloga, ya siendo indetectable después de casi un año con la medicación, pero ahora la estoy pasando mal. No lo logro aceptar, no me logro aceptar y no sé cuándo voy a poder. Hay días en los que estoy bien y otros en los que vuelvo a caer. Es un sube y baja del que siento que no puedo escapar.

Ahora estoy conociendo a un chico y la verdad es que me gusta muchísimo. La paso tan bien con él. Es muy gracioso. Es la primera vez que un chico realmente me hace reír y con el que conecto tanto.

Pero tengo muchísimo miedo. Pienso en cortar todo antes de que siga avanzando porque no sé cómo contarle sobre mi salud. Simplemente no puedo. Me cierro por completo. Estuvimos un par de veces sexualmente y siento que se va a enojar cuando yo le cuente. No sé qué tan informado está sobre el tema.

Tengo miedo de que se enoje, de que me critique con sus amigos, de que me escrache o de que, de alguna manera, todo el mundo termine enterándose. Tengo miedo de pasar a ser «el chico con VIH». Lo peor es que ese miedo es tan grande que ni siquiera me permito pensar qué pasaría si sí me acepta. No puedo imaginarme que las cosas salgan bien.

Ya pasó más de un año desde mi diagnóstico y todavía siento que no me recuperé. Pensé que ya había hecho las paces con mi salud. Durante un tiempo realmente la había dejado en un segundo plano y sentía que ya no me movía un pelo. Pero no. No pude.

No sé cuándo voy a poder hacer las paces con todo esto. No sé cuándo voy a dejar de tener miedo. Solo espero que llegue el día en el que pueda hablar de mi diagnóstico sin sentir que estoy perdiendo una parte de mí.

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