Me sentí atónito al escuchar eso, no sabía cómo reaccionar ni qué decir. Solo me quedé en silencio, pensando en cómo sería mi vida. Si debía terminarla, porque una noticia así derrumba tu vida en todos los sentidos.
Vivir con el virus no es el problema, lo tengo entendido; el problema es el prejuicio. Familia, amigos, pareja… “¿Debo decirles? Es mi obligación para mantenerlos a salvo de mí…” “de mí…” Ya no me sentía una persona humana; sentía que era un peligro que debía desaparecer. No miento cuando digo que la opción de irme de este mundo cruzaba por mi cabeza varias veces en las primeras semanas. Buscaba e investigaba qué manera era menos dolorosa para morir, pero soy alguien cobarde. Siempre lo fui toda mi vida.
Nadie de mi círculo sabe de mi diagnóstico. Para ellos estoy bien. Pero la verdad es que estoy enfermo por dentro. Sigo sintiendo que tengo algo dentro de mí y que debo quitármelo; “sangre, es la sangre… es un peligro, mi sangre, todo de mí es un peligro”, pensaba siempre, quitándome el sueño por las noches. Tomar el medicamento es un recordatorio de que estoy sentenciado.
Ya no soy normal. Nunca lo he sido. Nunca fui aceptado o incluido. Siempre solitario por donde vaya. Y ahora que tengo este virus en mí, ya perdí todo lo normal que tenía.
Dejé de ir al gym, perdiendo lo que hasta ahora consideraba como el punto más alto de mi vida: joven y fuerte. Pero eso no es suficiente para hacerle frente a una maldita cosa diminuta que te jode todo.
Escribo esto porque quiero sacarme todo esto que traigo desde hace semanas, expresarlo porque nunca digo lo que pienso por temor, y que alguien me lea y sepa lo que estoy sintiendo, lo que pienso sobre esto. Sé que una persona con VIH puede vivir como una sin el virus, tener una familia y vivir hasta los 80 años. Algo bueno y esperanzador para ser verdad. Pero he visto las dos caras de la misma moneda, escuchando y leyendo a los demás. Me ayuda de cierta manera. Cómo unos lo aceptan y viven sin problemas; otros, que se niegan a aceptarlo —me incluyo—, creen que hay un error en las pruebas y se sumergen en el miedo y la desesperación.
No tengo idea de lo que será de mí. Si terminaré aceptándolo o no, y decidiré quitarme la vida. Pero una cosa tengo clara: no quiero morir ahora y deseo terminar mi carrera pronto, graduarme, conseguir un trabajo y ayudar a mi familia, que, aunque no soy tan allegado a ellos, es todo lo que tengo.



