Cuando el problema no es la adherencia, sino el sistema

Barreras invisibles en la atención al VIH

Juanse Hernández
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Durante años, la conversación sobre el seguimiento del tratamiento del VIH ha girado en torno a una idea central: la adherencia como responsabilidad individual. Cuando una persona no toma bien la medicación o no acude a las revisiones, el problema suele situarse en su conducta, su motivación o su compromiso con la salud.

Sin embargo, cada vez hay más evidencias y experiencias comunitarias que apuntan en otra dirección. En muchos casos, el principal obstáculo no es la persona, sino el propio sistema sanitario y social en el que se atiende el VIH.

La adherencia no ocurre en el vacío

Hablar de adherencia sin analizar el contexto simplifica una realidad compleja. Las personas no gestionan su salud en condiciones ideales. Lo hacen en entornos marcados por desigualdades, cargas emocionales, burocracia y estigma.

Acceder a la medicación, mantener las citas médicas o seguir recomendaciones clínicas depende de múltiples factores. Entre ellos están los horarios laborales incompatibles, las dificultades administrativas, la falta de continuidad asistencial o las barreras de comunicación con los profesionales.

Cuando estos elementos fallan, culpabilizar a la persona solo contribuye a ocultar los fallos estructurales.

Barreras invisibles que condicionan el cuidado

Muchas de las dificultades que afectan al seguimiento del VIH no se registran en la historia clínica. No aparecen como diagnósticos ni como eventos adversos, pero influyen directamente en la salud.

Entre estas barreras se encuentran los circuitos asistenciales rígidos, poco adaptados a trayectorias vitales complejas. También la fragmentación de la atención, sobre todo cuando intervienen distintos servicios o niveles asistenciales. A ello se suman el lenguaje técnico y las consultas apresuradas, que dificultan la comprensión real de la información.

El estigma, explícito o sutil, sigue presente en algunos entornos sanitarios y sociales. Estas barreras no siempre impiden el acceso formal al sistema, pero debilitan la relación terapéutica y la confianza, dos elementos clave para un seguimiento sostenido.

Cuando el sistema exige más de lo que ofrece

El discurso dominante suele pedir a las personas con VIH que sean responsables, adherentes, informadas y proactivas. Sin embargo, no siempre el sistema responde con accesibilidad, escucha o acompañamiento real.

Con frecuencia, se espera que la persona se adapte al funcionamiento del sistema. Rara vez ocurre lo contrario. Esta asimetría genera desgaste, abandono silencioso y, en algunos casos, una desvinculación progresiva de la atención.

Desde una mirada comunitaria, esto no es un fallo individual, sino un problema de diseño del sistema.

Mirar la adherencia desde una perspectiva estructural

Replantear la adherencia implica cambiar la pregunta. No se trata solo de por qué una persona no sigue el tratamiento. La cuestión es qué condiciones se están creando para que pueda hacerlo.

Una atención al VIH centrada en la persona requiere flexibilidad organizativa, capaz de tener en cuenta realidades laborales, sociales y emocionales. Necesita también comunicación clara y bidireccional, que facilite preguntar, entender y decidir.

Además, exige reconocer el impacto del estigma y de las desigualdades, dentro y fuera del sistema sanitario. La participación real de la comunidad, no solo como destinataria sino como agente activo, es parte esencial de esta transformación.

Dejar de señalar a la persona para transformar el sistema

Cuando una persona no logra mantener el seguimiento, la respuesta no debería ser la sospecha ni el reproche. Debería ser el análisis de qué está fallando alrededor.

Solo así es posible avanzar hacia una atención más justa, eficaz y sostenible. En el VIH, como en otros ámbitos de la salud, la adherencia no es solo una cuestión clínica. Refleja cómo se organizan los cuidados, qué voces se escuchan y qué barreras se siguen normalizando.

Cambiar esta mirada no es un gesto retórico. Es una condición necesaria para mejorar la atención y reducir desigualdades que aún persisten.

Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH)


En la página de versión resumida

En esta ocasión, el equipo editorial ha optado por publicar una única versión clara estándar de la noticia, tras aplicar un proceso de mediación editorial orientado a mejorar la comprensión del texto sin reducir su contenido ni su enfoque comunitario.

El tema abordado —las barreras estructurales e invisibles en la atención al VIH y su impacto en la adherencia— es relevante y socialmente significativo, pero no requiere instrucciones inmediatas, trámites concretos ni la toma de decisiones personales urgentes por parte de las personas lectoras. Se trata de un análisis que invita a la reflexión y al cambio de mirada sobre cómo se organiza la atención sanitaria.

Tras el proceso de mediación editorial, el texto alcanza un nivel de legibilidad divulgativa clara, adecuado para el perfil lector habitual de La Noticia del Día, caracterizado por una alta alfabetización en salud y una demanda explícita de contexto, análisis y comprensión de los determinantes sociales que influyen en la salud.

Por este motivo, no se ha elaborado una versión clara resumida ni una adaptación de alta accesibilidad, ya que no aportarían un valor añadido significativo a la comprensión del contenido y podrían limitar la explicación de los factores estructurales que se analizan.

Esta decisión responde a nuestro compromiso editorial:
ofrecer información clara y accesible, sin renunciar a la profundidad necesaria para comprender los retos reales de la atención sanitaria y las desigualdades que afectan a las personas con VIH.



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