Un amplio estudio realizado en Estados Unidos ha concluido que el uso de inhibidores de la integrasa se asocia a un menor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares graves en personas con el VIH. Los resultados se han publicado en Annals of Epidemiology.
Estudios previos habían apuntado en sentido contrario, aunque de forma inconsistente. Por ello, estos nuevos datos aportan una perspectiva relevante en un debate todavía abierto.
El análisis se centró en personas adultas en seguimiento clínico rutinario, muchas de ellas de edad avanzada, con distintas comorbilidades y con un acceso desigual al sistema sanitario. Los resultados contrastan con algunos datos procedentes de otros países y apuntan a que esta familia de fármacos podría ofrecer un perfil cardiovascular más favorable.
Cómo se diseñó el estudio
La investigación analizó datos de personas con el VIH sin enfermedad cardiovascular diagnosticada antes de iniciar el tratamiento ni durante el primer año posterior a su inicio. El objetivo era excluir posibles casos previos no detectados.
A partir de ahí, se evaluó la aparición de infarto de miocardio, ictus o enfermedad coronaria a lo largo del seguimiento. Se comparó a quienes recibían inhibidores de la integrasa con quienes seguían otros regímenes antirretrovirales.
El trabajo se desarrolló en el marco de la cohorte All of Us Research Program, diseñada para reflejar mejor la diversidad racial, étnica y social de la población estadounidense.
Un debate abierto por resultados contradictorios
Hasta ahora, la relación entre los inhibidores de la integrasa y el riesgo cardiovascular ha generado controversia. Esta se intensificó tras la publicación del estudio REPRIEVE, que mostró que el cambio a tratamientos basados en un inhibidor de la integrasa se asociaba a un mayor riesgo de obesidad, diabetes, hipertensión y síndrome metabólico, todos ellos factores que aumentan el riesgo cardiovascular.
Además, algunos estudios realizados en Europa, América Latina y Australia describieron un aumento transitorio del riesgo cardiovascular durante los primeros meses tras iniciar este tipo de tratamiento, especialmente infartos o ictus. Sin embargo, ese exceso de riesgo parecía desaparecer con el paso del tiempo. Otras investigaciones, con seguimientos más largos o tamaños muestrales menores, no encontraron diferencias claras o solo observaron tendencias no significativas.
En este contexto, el nuevo estudio estadounidense aporta una visión distinta. Frente a la hipótesis de un posible efecto adverso inicial, los datos muestran que el uso de inhibidores de la integrasa se asoció de forma consistente con una reducción del riesgo cardiovascular global frente a otros tratamientos antirretrovirales. Esta diferencia se mantuvo incluso tras ajustar por factores de riesgo clásicos, como la edad avanzada o la presencia de otras enfermedades crónicas.
Resultados en personas con experiencia en tratamiento
El análisis incluyó dos grupos principales. La cohorte general estaba formada por algo más de 2.100 personas, en su mayoría hombres, y más de la mitad pertenecían a minorías étnicas. Cerca del 40 % tomaba medicación hipolipemiante y un porcentaje similar presentaba al menos una comorbilidad relevante.
En este grupo, uno de cada cinco participantes experimentó algún evento cardiovascular durante el seguimiento. Se trata de una cifra elevada, explicable en parte porque el estudio incluyó también a personas con angina de pecho o aterosclerosis coronaria, indicadores de riesgo cardiovascular relevante. La edad superior a 70 años duplicó el riesgo, y la presencia de múltiples comorbilidades lo triplicó.
Sin embargo, el único factor asociado de forma consistente a una reducción del riesgo cardiovascular fue el tratamiento con inhibidores de la integrasa. Haberlos tomado en algún momento se relacionó con una reducción del riesgo cercana a dos tercios, mientras que recibirlos de forma exclusiva se asoció a una disminución de alrededor de un tercio.
Qué implican estos hallazgos
El segundo análisis se centró en una subcohorte de unas 1.300 personas que iniciaron el tratamiento con regímenes sin inhibidores de la integrasa. Dentro de este grupo, quienes cambiaron posteriormente a este tipo de fármacos presentaron una reducción aún mayor del riesgo cardiovascular, cercana al 70 %, en comparación con quienes mantuvieron el tratamiento inicial.
Los autores sugieren que este posible efecto protector podría estar relacionado con un perfil metabólico más favorable. No obstante, dado que estudios previos habían apuntado en sentido contrario, el asunto sigue siendo controvertido. Será necesario acumular más evidencias clínicas para establecer con mayor precisión el perfil cardiovascular de los inhibidores de la integrasa.
Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: He B et al. Impact of integrase strand transfer inhibitors on cardiovascular disease in people with HIV. Annals of Epidemiology 113: 13-26, 2026 (open access). https://doi.org/10.1016/j.annepidem.2025.11.006
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