Se asocia una mayor desigualdad económica a peores resultados en salud relacionados con el VIH y la COVID-19

Miguel Vázquez
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Se requiere la implementación de intervenciones dirigidas a reducir la desigualdad económica al igual que se hace con otros determinantes sociales de la salud

Los países que presentan una mayor desigualdad en cuanto al nivel de ingresos también registran una mayor incidencia del VIH, así como de mortalidad asociada a sida y exceso de muerte por COVID-19, en comparación con países que presentan una mayor equidad. Estas son las conclusiones de un estudio publicado recientemente en BMJ Global Health.

A menudo la respuesta de los gobiernos a los problemas de salud ha priorizado actuaciones sobre el comportamiento individual, fomentando cambios de conducta, y ha prestado menos atención al impacto de los determinantes sociales. Sin embargo, se sabe que la desigualdad en cuanto a nivel de ingresos es un factor que da lugar a disparidades sanitarias tanto dentro de los países como entre ellos. Esto es así ya que crea condiciones que ponen a las personas en situación de vulnerabilidad frente a la adquisición del VIH o incluso a morir por una enfermedad relacionada con el sida. Por su parte, las pandemias amplifican este impacto, ya que la desigualdad en el nivel de ingresos está vinculada a una serie de factores relevantes como el acceso limitado a una atención sanitaria o una vivienda de calidad, la falta de cohesión social o a la ausencia de respuestas de salud pública eficaces.

En consecuencia, un equipo de investigadores de ONUSIDA decidió llevar a cabo un estudio para analizar el impacto de la desigualdad en el nivel de ingresos sobre los resultados clínicos de la pandemia. Para ello tuvieron en cuenta tres principales resultados en salud: la tasa de nuevos casos del VIH por cada 1.000 personas, la tasa de fallecimientos relacionados con sida por cada 100.000 personas entre los años 2000 y 2021 y el exceso de mortalidad debido a la COVID-19 en 2020 y 2021.

Los datos para el análisis relacionado con los resultados del VIH y sida procedieron de 217 países, mientras que para el parámetro relacionado con COVID-19 se usaron datos de 151 países.

Como medida de la desigualdad en cuanto al nivel de ingresos a escala nacional se empleó el índice de Gini del año anterior. Este índice no sirve para determinar si un país es rico o no, sino que representa el grado de desigualdad en el nivel de ingresos. Su valor oscila en el intervalo de 0 (que significaría igualdad perfecta) a 1 (que supondría desigualdad total).

En el análisis se consideraron tres grupos geográficos atendiendo a las clasificaciones regionales de ONUSIDA: todos los países, los países africanos como un único grupo y una muestra excluyendo a los países africanos. El propósito de esto era determinar si existían diferencias en el modo en que la desigualdad en el nivel de ingresos afectaba a los resultados en salud en los distintos grupos de países.

Por otro lado, también se tuvo en cuenta el gasto sanitario de cada país y su categoría de clasificación de ingresos según el Banco Mundial. De este modo se pudo aislar los efectos debidos al nivel de ingresos y del gasto sanitario y centrarse específicamente en los efectos de la desigualdad en el nivel de ingresos.

En los países del estudio, el índice de Gini entre 2000 y 2021 alcanzó un mínimo en Hungría (0,37) y un máximo en Botsuana y Namibia (0,78), pero el promedio general fue de 0,57. El gasto sanitario medio anual per cápita durante este periodo fue ligeramente inferior a 1.000 dólares.

En cuando a los resultados en salud, la media de muertes relacionadas con sida fue de 45 por cada 100.000 personas, mientras que la tasa promedio de nuevas infecciones por VIH fue de 0,8 por cada 1.000 personas entre 2000 y 2021. En cuando a la COVID-19, se estimó que, en los dos últimos años de este periodo, el exceso medio de muertes por COVID-19 fue de 73 por cada 100.000 personas.

En lo que se refiere a la incidencia del VIH, presentar unos niveles más altos de desigualdad de ingresos estuvo relacionado de forma significativa con un aumento en la incidencia del VIH en el año siguiente. Esto se observó en los tres grupos geográficos analizados por los investigadores. No obstante, este impacto de la desigualdad de ingresos sobre la incidencia fue más acusado en los países africanos que en el resto del mundo.

Por poner en perspectiva esta observación, se determinó que una reducción de la desigualdad equivalente al 25% en el índice de Gini se traduciría en una reducción de la incidencia del VIH en 0,14 casos por cada 1.000 personas en el conjunto de países, o de 0,29 casos por cada 1.000 personas en el grupo de países excluyendo a los africanos. Al considerar únicamente a estos, la misma reducción de la desigualdad de ingresos se traduciría en el año siguiente en una reducción de 2,11 infecciones por el VIH por cada 1.000 personas.

Por otro lado, también se observó que el aumento de la desigualdad de ingresos se relacionó de forma significativa con un aumento de las muertes en el año siguiente. Sin embargo, en este caso, el efecto fue más notable en el caso de los países no africanos: una reducción del 25% en la desigualdad de ingresos se asociaría con una reducción de 6,58 muertes relacionadas con sida por cada 100.000 personas a nivel mundial, 11,45 muertes en el caso de los países africanos y 17,39 muertes en el conjunto de países excluyendo a los africanos.

Por último, se encontró una relación estadísticamente significativa entre el aumento de la desigualdad en el nivel de ingresos y el incremento en el exceso de muertes relacionadas con COVID-19 en caso de la muestra global de países y la muestra excluyendo los países africanos. En el caso de los países africanos, esta relación no fue estadísticamente significativa.

En relación con su estudio, los autores señalan que en sus conclusiones no se evaluó la causalidad, ni se tuvieron en cuenta otros factores de desigualdad (como el género, la raza y la sexualidad) que a menudo tienen puntos de inserción con la desigualdad de ingresos.

A pesar de ello, los hallazgos reflejan el papel que desempeñan las desigualdades de ingresos a nivel mundial. Los países con mayor desigualdad tienen una mayor incidencia del VIH, mortalidad por sida y exceso de muertes por COVID-19 que sus homólogos con una desigualdad menor. En consecuencia, se puede afirmar que la desigualdad de ingresos socava la eficacia de la respuesta a las pandemias.

Fuente: Aidsmap/Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: Ataguba JE et al. Income inequality and pandemics: insights from HIV/AIDS and COVID-19 – a multicountry observational study. BMJ Global Health, 8:e013703, 2023 (open access).

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