La prueba del VIH tipo exclusión voluntaria es factible y aceptable

Michael Carter

Las pruebas del VIH tipo exclusión voluntaria (opt-out) realizadas en las clínicas de salud sexual son factibles y aceptables, según concluye un equipo de investigadores holandeses en la edición de mayo de Sexually Transmitted Infections, aunque los pacientes más propensos a rechazar la prueba tienden a ser los que están en situación de mayor riesgo de infección por el virus.

Existe preocupación en Europa por el gran número de personas con VIH sin diagnosticar. En Holanda, se calcula que hasta el 80% de las infecciones por vía heterosexual no están diagnosticadas, al igual que ocurre con el 40-60% de las infecciones en hombres gays. Una proporción significativa de casos de VIH en el Reino Unido también está sin diagnosticar, una situación que fue calificada como de “aterradora” en un reciente editorial de The Lancet.

La preocupación suscitada por el gran número de personas no diagnosticadas en Holanda llevó a que, en 2004, la clínica sexual de South Limburg implementara una política de realización de pruebas tipo exclusión voluntaria. Fue la primera clínica de salud sexual holandesa en adoptar dicha medida.

Los servicios ofrecidos por la clínica son gratuitos. La ciudad cuenta con una población de 630.000 habitantes y, debido a su situación geográfica, también atrae a pacientes de Bélgica y Alemania.

El equipo de investigadores analizó de forma retrospectiva la eficacia de la prueba del VIH entre 2003 y 2007, y examinó los motivos por los que los pacientes rechazaron la realización de la prueba.

Durante el período de estudio, se produjeron algo menos de 13.000 consultas en la clínica. El número de éstas aumentó cada año, pasando de algo más de 1.900 en 2003 a casi 4.000 en 2007. La mayoría de los pacientes (53%) fueron mujeres, un 38% hombres heterosexuales y un 9% hombres homosexuales. La tercera parte de los pacientes superaba los 30 años de edad.

Tras la introducción de la política de realización de pruebas tipo exclusión voluntaria, se observó un aumento notable en el número y la proporción de pacientes que se sometieron a dichos análisis. En 2003, el 84% de los pacientes realizaron la prueba del VIH, y este porcentaje se había incrementado hasta el 96% en 2007.

Se observaron aumentos en la realización de la prueba del VIH en todos los grupos demográficos. Asimismo, hubo un descenso notable en la proporción de pacientes que rechazaron hacerse la prueba. En la segunda mitad de 2007, sólo el 3% de los hombres y mujeres heterosexuales y el 2% de los hombres gays se negaron a realizar el test del VIH.

Un total de 45 personas (0,4%) dieron positivo al VIH. Tras la introducción de la prueba tipo exclusión voluntaria, el número de pacientes diagnosticado de VIH pasó de cuatro en 2003 a diez en 2007.

El equipo de investigadores descubrió que los factores de predicción para rechazar la realización de una prueba del VIH parecían sugerir la existencia de un mayor riesgo de tener la infección. La probabilidad de hacer el test del VIH, en el caso de los pacientes heterosexuales, disminuyó a medida que aumentaba el número de sus parejas sexuales. Además, el rechazo de la prueba en estos pacientes estuvo también relacionado con padecer alguna infección de transmisión sexual en el momento de la visita a la clínica, presentar síntomas de una infección, o haber sido contactado por una pareja y habérsele aconsejado acudir a un chequeo de salud sexual. En el caso de los hombres gays, el rechazo de la prueba del VIH estuvo asociado con tener más de 30 años, síntomas de una infección de transmisión sexual en ese momento y la recomendación acudir a la clínica por parte de una pareja.

A los pacientes que rehusaron hacerse una prueba del VIH se les preguntó el motivo, y se registró la respuesta. La tercera parte de los heterosexuales y el 11% de los hombres gays afirmaron que lo hicieron porque pensaban que estaban en el “período ventana”. Algo más de la quinta parte de los heterosexuales y el 28% de los hombres homosexuales se consideraban a sí mismos como en una situación de poco riesgo de infección por VIH; asimismo, el 15% de los heterosexuales y el 18% de los hombres gays adujeron haber realizado previamente una prueba del VIH. Pocos pacientes heterosexuales afirmaron que rechazaran la realización de la prueba del VIH porque temieran el resultado, mientras que el 11% de los hombres gays que no quiso hacer la prueba adujo ese motivo.

“Hemos detectado un notable aumento en el número absoluto y relativo de pruebas del VIH en nuestra clínica de infecciones de transmisión sexual”, indica el equipo de investigadores.

Por otro lado, los autores también ponen de relieve que, para que las pruebas del VIH tipo exclusión voluntaria sean eficaces, tienen que ir ligadas a los servicios de tratamiento y atención del virus.

“El resultado de este estudio evidenció que la realización de pruebas estándar del VIH en una clínica de infecciones de transmisión sexual es factible y eficaz a la hora de aumentar la sensibilidad de los pacientes acerca de su propio estado serológico al VIH”, concluyen los investigadores. Y añaden: “La implementación de este tipo de pruebas en una clínica de infecciones de transmisión sexual puede conducir a lograr una mayor trazabilidad de la infección por VIH y a que más personas reciban un oportuno tratamiento antirretroviral. Deberían constituir una parte esencial del examen de las infecciones de transmisión sexual (…), y debería considerarse también su implantación en otros entornos de atención sanitaria para grupos específicos en situación de riesgo”.

Referencia: Dukers-Muijrers NHTM, et al. Effectiveness of an opting-out strategy for HIV testing: evaluation of 4 years of standard HIV testing in a STI clinic. Sex Transm Infect. 2009; 85: 225-230.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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