Nunca me quise realizar la prueba por miedo al resultado

Andrés

Siempre sospeche que podría tener el VIH, pero nunca me quise realizar la prueba por miedo al resultado. Para empezar soy un joven colombiano, profesional, recién egresado de la universidad. Todo empezó en el año 2016 cuando en el mes de junio me enfermé, y me hospitalizaron por una apendicitis.

Durante la estadía en el hospital la doctora jefe fue a decirme una noche que si autorizaba la prueba del VIH. Le respondí que sí con un miedo horrible, pero con la valentía de enfrentarme a la realidad y dejar de pensar todos los días de mi vida que podría ser portador.

A los días que salí del hospital (que fueron de angustia, soñaba cosas, no paraba de pensar en que podría ser positivo por la vida sexual tan irresponsable que había tenido) me llamaron a la casa a decirme que tenía cita para la entrega de un resultado.

En ese momento sentí morir, los nervios y la pensadera se apoderaban de mí.

Llegó el día de la entrega del resultado y fui con mi madre, pero le pedí que no entrara al consultorio. Cuando llegué y me senté frente a la doctora sentía unos nervios y solo pedía a Dios que saliera negativo (pero algo me decía que iba a ser lo contrario).

Efectivamente la doctora me dijo que el resultado había salido positivo. En ese momento sentí morir, mi mundo se derrumbaba. Lo primero fue llorar por unos minutos, quedé en blanco, estaba en shock.

Fue algo tan horrible que no puedo describirlo. Ya con las palabras de la doctora, decidimos hacer pasar a mi mamá para decirle.

Ya han pasado varios meses desde mi diagnóstico, tomo los antirretrovirales muy juicioso, no tomo, no fumo, me alimento muy bien y voy al gimnasio.

Trato se seguir mi vida normal, casi nadie sabe de mi diagnóstico, y físicamente me veo muy bien ni sospechas de que pueda tener esta enfermedad. Según la gente, son las personas delgadas las que tienen este diagnóstico, a lo que digo que es totalmente falso ya que conozco personas muy atractivas y con muy buen cuerpo y son portadoras.
 
Los primeros días que empecé a tomar los medicamentos tuve algunos síntomas, como sudoraciones nocturnas, mareos, pesadillas, insomnio, y agotamiento físico.

Gracias a Dios fue pasajero y ya no siento absolutamente nada. En cuanto a mi vida fue muy duro al principio, empecé a ver videos en YouTube y casi me muero de la angustia de lo que veía y leía.

Al segundo mes de tratamiento, llegué llorando donde la doctora por todo lo que había leído. Tuve mil dudas, miedos, y prejuicios.

Pero hoy puedo decir que estoy muy bien, subí de peso muy rápido (ya que había perdido más de 10 kilos por la enfermedad anterior).

En estos momentos estoy solo, no salgo con nadie ni nada, pero tengo a mi mamá que me apoya y me ama.

Aunque tengo muchas depresiones a veces, le doy gracias a Dios por haberme permitido enterarme de mi diagnostico a tiempo y estar en tratamiento con un excelente equipo humano que me motivan a seguir, me hacen ver que tengo una vida común y corriente, solo que la debo llevar de forma sana.

A lo que le he visto el lado positivo, ya que estoy cogiendo muy buen cuerpo por el gym, rumbeo normal, solo que no tomo y sigo teniendo vida sexual solo que con preservativo (por nada del mundo lo haría sin el preservativo).

No quiero, ni deseo que nadie pase por esto mismo gracias a mi irresponsabilidad.

Animo a todos que esto es difícil, pero no imposible de llevar y no somos los únicos que pasamos por situaciones duras.

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