Testimonio: Mi vida y mi gloria… con VIH

Alberto

Muchos de vosotros os preguntaréis el porqué de este título. Pues simplemente es porque la realidad, en ocasiones, nos lleva a darnos cuenta de que, detrás de todo lo malo que nos pueda pasar, siempre existe un segundo propósito en el Universo.

Os cuento. Mi historia no dista mucho de lo que pudiera ser la vuestra, pero de algo estoy seguro: la vida me ha dado Dos Grandes Glorias. Os preguntaréis si una de ellas es el VIH… Pues en cierto modo, sí; así lo veo, pues me permitió instalarme en un mundo lejano al de mi país de origen –Venezuela–, con una cultura diferente que me abrió los brazos de una manera sin igual, y aprendí que la vida no acaba con un simple diagnóstico. Al contrario, es una etapa en la que nos convertimos en crisálidas para luego dar al mundo nuestros más bellos sentimientos y talentos unidos a esas ganas de vivir.
 
Doy gracias a esta tierra catalana, donde llegué un día en busca de apoyo y en la que me siento, hoy por hoy, como uno más, sin olvidar mis raíces.
 
La otra Gloria de mi vida es que, debido a que fui diagnosticado como seropositivo a la edad de 40 años, hoy, a dos años y unos pocos meses, me siento otro, y es porque en esta tierra de oportunidades y de vida para nosotros, los inmigrantes, el VIH no significa, grosso modo, un estigma social, ni el final de nuestros días, pues hay muchas personas y especialmente mis buenos amigos, quienes creen que no moriré a causa del virus, y que me han brindado su apoyo de una manera tan incondicional que no existen palabras de agradecimiento hacia ellos.
 
Hoy, mi historia se resume en un renacer de la vida, colmada de planes de futuro, con la certeza de que los alcanzaré. Mi más poderosa arma es el optimismo para seguir luchando por una vida plena, y completar así el sueño de vivir y de ser reconocido, no por lo que tengo, sino por mis valores como ser humano.
 
A mi edad de 42 años, he descubierto que nunca es tarde para ganar la batalla a la vida, y que  podemos soñar, aun en los peores momentos de nuestra existencia, y tener la certeza de que no existen barreras más altas que aquéllas que nos ponemos nosotros mismos.
 
Para mí, la experiencia de vivir y de ser uno de los elegidos me hace sentir un héroe, y a mi edad estoy logrando una linda meta que me tracé en el año en que fui diagnosticado; si no hubiese sido así, mi vida habría sido vacía y sin sentido.
 
Doy las gracias por haberme apoyado a mi familia, mis amigos y a mis médicos, pues ¡nunca habrá dinero en la Tierra que cubra mi Gloria de vivir!

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