Testimonio: El dolor de la traición

Jean

Hola. Hace más de un año –en concreto, el 5 de julio de 2009– conocí a un chico por internet, y luego en persona. Siempre tuve muchos temores de entregarme a alguien, sin embargo, él despertó en mí muchos lindos sentimientos.

Salimos un par de veces, hasta que un día me invitó a su casa. Después de haber ido al cine, recorrer la ciudad y ver un hermoso cielo estrellado, llegamos a su casa y llegó la hora del sexo… y bueno, esto a nadie se lo he dicho, pero en el bolsillo derecho de mi short tenía los condones que, por regla general, siempre usaba; no obstante, por alguna razón, pensé que sacarlos sería dañar ese momento maravilloso que estaba viviendo, y no los saqué.

Él resulto ser la persona más linda que se ha cruzado en mi camino; me trataba bien, se preocupaba por mí, en fin, era maravilloso. Así viví con él una relación de cuatro meses, que terminó porque él ya tenía planeado un viaje a España donde pensaba quedarse a vivir. Hoy en día, lo guardo como el recuerdo de la mejor relación que he tenido. Eso por no mencionar la buena relación que tuve con su familia, que me quería mucho.

Hasta que un día entré en contacto con una persona que lo conocía muy bien, ya que era su guía espiritual (actualmente, es una gran amigo mío), y me reveló su condición de seropositivo. Al saberlo, yo acudí de inmediato a un hospital para hacerme una prueba rápida del VIH para confirmar lo que ya sabía. Al poco tiempo de conocerle, se me inflamaron unos ganglios linfáticos, a lo que yo no di importancia, teniendo en cuenta que su propia familia me había facilitado un médico que nunca me mandó hacerme el test del VIH y que me realizó una serie de pruebas, todas las cuales salieron bien. Excepto la del VIH, que, obviamente, salió positiva.

Me derrumbé, no por la enfermedad como tal, sino porque mi historia de amor se había convertido en una pesadilla.
 
En la actualidad, ocho meses después, aún no he recibido una respuesta de su parte, un porqué, solo su silencio. Su familia no quiso dar la cara, únicamente su madre, para contarme otra mentira.

Hoy vivo mi vida tranquilo, con optimismo y ando en busca de una nueva pareja, aunque debo confesar que me resulta difícil, pues todavía no hallo el momento adecuado para decirle a esa persona que soy seropositivo.

Lo único que no he podido superar es el dolor de la traición. Trato, día a día, de entenderlo, y bueno, solo me gustaría poder hablar con él, no para decirle vulgaridades ni tratarlo mal, sino para entender por qué no me lo dijo.

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