Testimonio: Buscar el lado positivo

No sé

Hace ocho años que soy portador del VIH. Yo siempre digo que uno no está un enfermo, sino que lleva un virus con él: es un mecanismo más de defensa, como los antirretrovirales. Mi nombre no lo diré por discreción. Tengo 32 años y detecté que tenía el VIH con 24.

Fue gracias a una pareja que tuve. Decidimos hacernos la prueba, pues queríamos mantener relaciones sin protección. Cuando fuimos los dos, yo sentía nervios, pero era lógico, en parte. Su prueba salió negativa. En cuanto a la mía, me dijeron que esperase un momento, que tenían que hablar con otra persona. Mi pareja me espero abajo y, cuando la otra persona (un voluntario) llegó, me dijo: "Lo siento, has dado positivo, pero tranquilo, estás en una buena época, hay medicamentos". Yo ya no le escuchaba, estaba en otro mundo.
 
No sé cómo bajé las cuatro plantas del hospital. Cuando mi pareja estaba sentada en un banco y me preguntó cómo me había ido, no supe qué contestarle: ¡No sabía qué decir! Le di el sobre solamente. Él intentó calmarme dándome abrazos y diciéndome muchos "te quiero". Solo recuerdo que le expliqué que era el momento de dejar la relación. Me dijo que no había motivo: "Vamos a casa y buscamos ayuda". Así lo hicimos. Llegué a casa y me metí en la bañera. Estuve todo el día metido en ella. No quería salir. Pensaba que me moriría con 24 años. No conocía el tema, estaba en una de mis mejores etapas en el ámbito profesional y, cómo no, sentimentalmente. ¡Era feliz!
 
Comencé el tratamiento. En las primeras visitas al Hospital Clínic (Barcelona), tuve la suerte de conocer a unas enfermeras que daban un calor humano impresionante. Tomé la decisión de comenzar el tratamiento después de las vacaciones, para no agobiarme. La primera toma fue durísima. Me sentía mal, con el estómago raro. En fin, tú que tomas medicación, lo sabrás como yo. De esto ya hace ocho años. Nunca estuve enfermo. Mis CD4 están súper, 963 células/mm3, y mi carga viral es de 39 copias/mL. Es lo que la máquina lee. Tomo una pastilla al día (Atripla).
 
En todo este tiempo, siempre he pensado que la vacuna contra el VIH estaba cerca, que la veremos. Últimamente, veo noticias muy esperanzadoras sobre este campo. Tengo que decir que mi vida cambió a raíz de esto y que ahora soy más consecuente con las cosas y valoro más el día a día. La vida ya es difícil como para seguir complicándose más las cosas.
 
¡Relájate! Si hace poco que te han diagnosticado; cálmate, no te hace ningún bien el sufrimiento. Busca el lado positivo (nunca mejor dicho). Estamos cerca de una vacuna terapéutica y, lo creas o no, nadie se muere de VIH.

Querría compartir mi historia mejor y de forma más extensa, pero a veces no encuentras las mejores palabras. Solo quiero daros mi apoyo, mi calor, como yo lo recibí.
 
Ánimo.

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